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EL CANSANCIO NOS HACE INFRUCTUOSOS

La relación entre el cansancio y el descanso es directamente proporcional a tu efectividad en el desempeño de tareas cotidianas.

El cansancio es el enemigo mortal de la productividad. Por alguna extraña razón, hay cierto remordimiento en sentirse cansado y una gran resistencia a expresar la necesidad de tomar un tiempo para descansar. Pero el cuerpo habla y la mente se expresa, cuando las pausas de todos los días y el sueño por las noches son insuficientes, si en la mañana el esfuerzo por dejar la cama es cada día más rudo y al llegar la hora de acostarse el insomnio no deja dormir, hay que hacer una pausa.

La falta de potencia después de un esfuerzo continuado, el trabajo arduo y la consistente merma de las capacidades físicas e intelectuales son signos que se deben atender y el descanso se convierte en algo necesario. Cuando estamos cansados, en forma casi imperceptible entramos en círculos de somnolencia y aburrimiento que desencadenan hastío, tensión emocional, falta de energía y nos lleva a aproximarnos a la desilusión y la infelicidad.

De un momento a otro se desencadenan círculos viciosos, las cosas empiezan a salir mal o cuesta mucho realizarlas, y no entendemos por qué. La fatiga es sigilosa, es un síntoma que afecta a muchos que se niegan a reconocer que la padecen. La maravilla es que todos estos síntomas desaparecen después de un buen periodo de descanso.

El descanso trae frescura a la mente y prepara el terreno para que la creatividad germine. Hacer cambios en la rutina, salir de vacaciones propicia quietud, y un cambio de aires quita el polvo mental que se ha acumulado gracias a la fatiga. Resistirse a salir de vacaciones es un error.

Un cuerpo que ha recibido sus horas de descanso es casa perfecta para una mente creativa, una mente que ha tenido la oportunidad de refrescarse es fuente de nuevas ideas. Al salir de la cotidianidad se escuchan armonías distintas, se satisface un impulso de curiosidad y se abren posibilidades al ver algo diferente. Incluso, una pequeña alteración a las costumbres, como caminar a diferente hora por el mismo lugar o sentarse a tomar un café y platicar con un viejo amigo, puede obrar maravillas. Descansar es importante para la salud física, mental y laboral. Una cabeza fresca es mucho más productiva.

Hay jefes a los que les encanta tener a su gente sentada y en sus puestos, cumpliendo horarios, en vez de concentrarse en los objetivos, dejan de entender que después de cierto tiempo la creatividad desfallece y muere a causa de la fatiga. La irritabilidad, la indiferencia, el aburrimiento y el resentimiento van ganando espacios y, consecuentemente, la productividad decrece.

Las mejores ideas llegan a las mentes que están relajadas. Arquímedes gritó “¡Eureka!” mientras estaba tomando un baño de tina. Isaac Newton entendió la gravedad mientras estaba sentado bajo un manzano, leyendo. Herman Miller escribió Trópico de Cáncer gracias a lo que observó mientras caminaba por las calles de París. Michel de Montaigne pasó horas sentado en cafés de Burdeos, viendo gente pasar, y así escribió sus mejores ensayos.

El cansancio es el enemigo mortal de la productividad. Si por alguna extraña razón hay cierto remordimiento en sentirse cansado y una gran resistencia a expresar la necesidad de tomar un tiempo para descansar, toma una raqueta, mete el traje de baño a la maleta y sal a tomar vacaciones. Verás cómo, al regreso, ese problema irresoluble, ese obstáculo insalvable, ese tema imposible de tratar tienen una dimensión diferente y todo toma su lugar.

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